3 de junio de 2019; El sabor de la derrota

Por Walter Fernando Vallejo Romero

En Puebla sale el sol el 3 de junio de 2019. La jornada electoral ha terminado. Un ebrio se tambalea en su lujosa oficina. Ha ordenado que nadie lo moleste. No quiere saber nada de nadie. Ayer andaba impecablemente vestido y peinado… ahora parece un fantasma ojeroso. La mirada y el equilibrio perdidos, tartamudea monótonamente “no puede ser”, “estoy soñando”, “es una pesadilla”, “no es posible”… y llora en un rincón de la habitación llena de basura, botellas, papeles, malos olores…

Es el dirigente nacional del partido que gobernó el estado de Puebla durante casi una década y que intentó regresar, después de un breve receso, a gobernar una entidad donde había ejercido una “dictadura casi perfecta”, llegando hasta el asesinato para seguir gobernando.

A su partido lo han derrotado millones de votantes –en  su mayoría jóvenes– hartos de tanta corrupción.

Desesperadamente se preguntaba –¿Qué funcionó mal? Un año atrás, su partido había efectuado un fraude electoral casi impecable que, aunque fue muy denunciado y evidenciado, se  realizó tan bien que hasta lo validó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y ahora, pese al apoyo en guerra sucia recibido desde Jalisco y Durango, todo estaba derrumbado.

En Baja California, los resultados habían sido similares.

El candidato derrotado

En Puebla, un demacrado académico, tembloroso, con ojos inyectados de sangre y puños apretados grita, maldice, pide explicaciones, insulta, rompe lo que encuentra. Está furioso, descontrolado, al borde del colapso, porque al fin comprende que la coalición que lo postuló, sus dirigentes, “figuras” y compañeros la dejaron solo. Por encuestas libres sabía que marchaba hacia la derrota, que había marcha atrás. Las encuestas pagadas le dijeron que “estaba en la pelea”… y ahora se percataba de su ingenuidad.

–Y ahora… ¿Qué voy a hacer? –Se preguntaba– despilfarré mi prestigio académico y hoy todo el país se ríe de mí. Y luego se respondió –Me han traicionado todos…

En su casa, a la medianoche, el Presidente de la Nación había sido informado desde las oficinas de control electoral que el voto favorecía a su partido. Sonrió tranquilo, dos estados más, Puebla y Baja California, se sumaban a la Cuarta Transformación.

Los millonarios poblanos están reunidos. Han invitado a los jerarcas de la Iglesia Católica y a los dueños de los medios de difusión. –Ahora ¿Qué vamos a hacer?, preguntó uno de los hombres más ricos de Puebla, – ¿Cómo vamos a manejar la noticia?

Estaban asustados. Habían cometido abusos, excesos, atropellos, violaciones, evadido el pago de impuestos millonarios, se habían apropiado de bienes estatales enriqueciéndose enormemente a costa de la miseria de la mayoría de los poblanos, que vivía en condiciones infrahumanas.

¿Y el pueblo?

En las calles, mientras tanto, se denotaba alegría, dicha, baile, risa, jolgorio, fiesta, gritos, llanto, música, corazones rebosantes de júbilo; el pueblo fregado pero trabajador celebraba la victoria de su candidato. El que recorrió todas las regiones del estado, levantándose diario a las 4 ó 5 de la mañana para llevar un mensaje de esperanza.

El hombre que se dejó abrazar por los humildes, que lloró con ellos sus penas, que aguantó todas las vilezas y majaderías de quienes lo quisieron “bajar” de la candidatura: un hombre que enarboló una sola bandera: RECONCILIACIÓN Y PAZ.

Porque después de todas las confrontaciones sociales generadas por el ansia de mantener el poder estatal y conquistar el federal, la ciudadanía poblana se encontraba polarizada y era necesario construir un reencuentro que posibilitase volver a vernos como hermanos y trabajar juntos por una Puebla armoniosa, integrándola al conjunto de la nación para marchar por el progreso nacional y estatal.

“La Verdad os hará Libres”. Ese hombre era la última esperanza de un pueblo que había sido burlado, pisoteado, asesinado, injuriado y humillado hasta el cansancio.

El pueblo había triunfado. Millones de hombres y mujeres, adultos y jóvenes, se volcaron a las urnas con una idea en mente: Marcar un alto a la voracidad de los corruptos de siempre. La victoria era inobjetable. No se podía cometer un segundo fraude. Era la Cuarta Transformación del país trasladada al territorio estatal, y sin derramar sangre. Era la victoria del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Era la Revolución Pacífica que iluminaba el cielo el 3 de junio de 2019.

Colofón

Lo anterior sólo ha ocurrido en la imaginación del autor de este artículo, pero el 2 de junio los poblanos tenemos una cita con la nueva historia de Puebla y ahí lo podremos convertir en realidad, llevando al gobierno al auténtico candidato del pueblo, el hombre que muchos quisieron destruir olvidando que los auténticos guerreros se hacen más fuertes entre más batallas pelean, logrando así sobrevivir… ¡y triunfar!

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