Apogeo y decadencia del EZLN

Por Felipe De Jesus Pliego Platas

Hace 25 años, casi al finalizar el periodo presidencial de Carlos Salinas de Gortari, irrumpió en el escenario político, un grupo rebelde autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional, integrado por indígenas chiapanecos y liderados por quién se hizo llamar Comandante insurgente Marcos.

Su aparición vino a interrumpir el festín y el triunfalismo que en torno a las negociaciones sobre el Tratado de Libre comercio, se anunciaba pomposamente que México estaría entre las potencias económicas mundiales.

El surgimiento público del EZLN, vino a ensombrecer el panorama triunfalista de un gobierno que a lo largo de seis años se dedicó a desbaratar lo que quedaba del sistema económico de Estado, impulsando el neoliberalismo y combatiendo a sangre y fuego a la oposición que durante ese lapso se aglutinó en torno al PRD, una organización partidista en el que se refugiaron algunos sectores de la izquierda…

La percepción de ilegitimidad con la que llegó el gobierno Salinas de Gortari y el rechazo popular a su estilo autoritario de gobierno, le dio a la inesperada aparición del EZLN una proyección sobredimensionada, pues la mayoría del pueblo, vio en el EZLN la expresión de su oposición al gobierno y por añadidura al neoliberalismo que ya dejaba resentir sus efectos negativos en las economías familiares.

A los pocos días de haber aparecido públicamente, la resonancia del EZLN traspasó los límites nacionales. Uno de los efectos inmediatos fue el posicionamiento protagónico de un sector de la población que por siglos había sido objeto no sólo de la explotación sino del despojo y de una marginación excesiva al grado de negar su existencia: los indígenas.

Ante la resonancia en los medios de este grupo rebelde, los mandos del ejército declaran la guerra al Estado, confiados quizás en que no habría respuesta violenta ya que el apoyo popular era más que evidente.

La celeridad del gobierno Salinista, para dar respuesta a esa declaración, no se hizo esperar.  Acostumbrado a privilegiar el uso de la fuerza para sofocar los movimientos opositores, envía al Estado chiapaneco fuerzas y armamento militar suficientes para abatir a la insurgencia en cuestión de horas.

Ante la inminente masacre, diversas sectores políticos, intelectuales y populares se lanzan a las calles para exigir que se detenga la guerra fratricida.

Bajo estas condiciones, las acciones se detienen y obligan al gobierno a establecer mesas de diálogo.

Largas e inútiles resultaron las mesas de diálogo: Los acuerdo logrados fueron ninguneados por los gobiernos posteriores.

Lo que ocurrió después, es digno de una investigación y un análisis sociológico.

A lo largo de los años la posición política de los mandos del EZLN fue, en la práctica, distanciándose de los afanes populares.

Las diversas declaraciones y comunicados, muchos de ellos opuestos a las acciones y posturas de la izquierda fue dinamitando las bases de apoyo popular y por añadidura, erosionando su credibilidad como grupo insurgente.

La capacidad de convocatoria del EZLN a 25 años de haber surgido es limitado y las redes sociales que antaño constituyeron el medio para aglutinar sus fuerzas, hoy se vuelcan en su contra ante las declaraciones de oposición a los proyectos del gobierno, encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

Es evidente que la fuerza popular que llevó a la presidencia al actual mandatario, ha asumido una postura de franca oposición al EZLN, pues actualmente lo ven como un grupo aliado de la derecha más que a una expresión popular coincidente con sus intereses.