Avatares de los conservadores mexicanos

Walter Fernando Vallejo Romero

Últimamente, con el disgusto de la derecha mexicana, se ha vuelto a utilizar el término “Conservadores” para referirse a quienes se oponen a que México siga una ruta progresista y de mayor justicia social. Ahora argumentan que el partido conservador dejó de existir en el siglo XIX y no hay porqué seguir mencionándolo.

Pero el conservadurismo mexicano no nació ni dejo de existir en ese siglo. Nació antes y persiste hasta la fecha.

Sus raíces se remontan a La Colonia, cuando nación se encontraba dividida en castas, siendo los privilegiados los “Conquistadores”, primero, y la “Casta divina” después. Eran los españoles peninsulares y aún sus hijos nacidos en México eran discriminados.

Sus privilegios fueron exorbitantes, a las castas inferiores se les denominaba “La plebe”, término utilizado hasta la fecha para denostar a quienes no forman parte de las élites. Obviamente, deseaban conservar eternamente esta situación y de ahí el término “Conservadores”.

En la Guerra de Independencia, los conservadores, denominados “Realistas”, combatieron ferozmente contra los insurgentes. Como muestra de su caridad queda el trato dado al cadáver de Miguel Hidalgo, al que decapitaron y descuartizaron, colgando su cabeza en una de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas y dispersando sus miembros por todo el país.

Pero, cuando el general Rafael del Riego se levantó en armas en España e impuso la Constitución Liberal de Cádiz, los conservadores mexicanos se convirtieron en independentistas. No querían ser considerados iguales a los “Indios pata rajada”.

En el México independiente

Ellos no querían la república concebida por Hidalgo y Morelos sino un imperio donde la nobleza conservara su posición y la plebe fuese excluida de la justicia social. Así nació el Imperio de Iturbide.

Pero quienes habían luchado por la independencia, entendida como transformación social, estuvieron en desacuerdo y no tardaron en echar abajo el Imperio convirtiendo a México en república. Ante esto, los conservadores trataron de imponer una república centralista, lo más parecida posible a un imperio.

La pugna entre federalistas y centralistas, que fue una de las causas de que México perdiese más de la mitad de su territorio, se resolvió hasta la Constitución liberal de 1857.

Los conservadores desataron entonces una sangrienta guerra que duró hasta su derrota en la Batalla de Calpulalpan, el 22 de diciembre de 1860. Ante esto, recurrieron a la primera potencia mundial, Francia, para pedir su intervención a fin de establecer en México un régimen imperial en que sus privilegios fuesen preservados. Y fue así que trajeron a Maximiliano y Carlota.

Este imperio fue efímero y terminó en el Cerro de Las Campanas, concluyendo así la segunda transformación mexicana.

Del porfirismo a la actualidad

Restaurada la república liberal, los conservadores esperaron a que la corrupción del régimen porfirista les permitiese renacer, llamándose ahora “Científicos”, “Fifís” o “Catrines”. Ellos mismos se autodenominaron así, aunque ahora les moleste.

Con la Revolución y el triunfo de Madero, los fifís del Congreso de la Unión, aliados con el embajador norteamericano, decidieron el golpe de estado y asesinato de Madero y Pino Suárez, imponiendo la dictadura de Victoriano Huerta, lo que desató la etapa más violenta de la Revolución, que concluyó hasta 1917, con una nueva Constitución.

Inconformes con la orientación Constitucional, los conservadores, ahora llamados “Sinarquistas” o “Cristeros”, en alianza con El Vaticano, desataron otra guerra que nuevamente ensangrentó al país.

Sin posibilidades de triunfo militar, se conformaron con el compromiso de preservar sus privilegios, aunque no quedasen establecidos en el texto constitucional.

Para los sesenta, los antes llamados Fifís o catrines, se comenzaron a autodenominar “Popof” y hasta tenían una página en un periódico nacional.

En los noventa, los conservadores devinieron en “Neoliberales”.

Apátridas por naturaleza, malbarataron los recursos naturales y energéticos y las empresas nacionales a capitales extranjeros, formaron a sus hijos en Harvard, Oxford, o instituciones similares, oponiéndose a cualquier intento de transformación social que atentase contra sus privilegios.

Pero no pudieron evitar que el 1° de julio de 2019, los mexicanos impusieran a Andrés Manuel López Obrador como Presidente de la República.

Ahora su tarea es la de descalificarlo. Para esto, el 5 de mayo salieron a marchar, “No mucho porque es muy cansado”, del Monumento a la Independencia al de la Revolución, gritando improperios, exhibiendo su odio a la justicia social, su racismo y su clasismo así como su temperamento violento en las agresiones a periodistas y blogueros que no comulgan con ellos, así como en las peticiones de asesinato contra López Obrador.

Conquistadores, nobles, casta divina, realistas, reaccionarios, conservadores, imperialistas, fifís, catrines, científicos, cristeros, sinarquistas, popof, neoliberales y derechairos son los nombres que a lo largo que la historia ha recibido una casta privilegiada que hoy se resiste a que se consume la Cuarta Transformación de la vida política y social de México