Desafío: Veracruz en la Mira

Por Rafael Loret de Mola

  • Adicciones Sociales
  • Veracruz en la Mira
  • El Obediente Duarte

Recuerdo, hace años, una conversación que tuve con quien era el jefe de redacción de nuestro Diario de Irapuato, Mario Barajas Pérez, un gran profesional del periodismo. Le pregunté, un tanto ansioso:

-Oiga, ¿cómo es que las ventas no suben, como esperábamos, si tenemos un periódico muy superior a los de la competencia?

-Debemos ser pacientes; recuerde que usted nos dijo que la línea de estabilidad llega a los cinco años de circulación. Y el público está acostumbrado a leer los cotidianos con mayor antigüedad. Es como una tradición que nosotros, claro, no respetamos. Y nos va a costar trabajo.

Fue una lucha tenaz aquella hasta que logramos la penetración deseada a pesar de las pugnas insistentes con el gobierno del Estado, encabezado por el valet de lópez portillo, Enrique Velasco Ibarra, el pequeño gobernador como le llamé en editoriales, a quien como a Sancho Panza le habían entregado una ínsula por sus esfuerzos como leal escudero en vestidores. Al final, él debió solicitar licencia y El Diario se descapitalizó sin remedio porque a los anunciantes se les ordenó retirar toda su publicidad con la intervención de Manuel Villa Issa, cuyas tareas sucias fueron premiadas, tiempo después, con la dirección de RTC, una señal viciada de origen por ser parte del sistema. Tiene la conciencia tan sucia como la tuvo su jefe guanajuatense hasta el final de sus días.

Aquella lección me hizo ver que es muy difícil romper con la manipulación colectiva cuando el arraigo no se conmueve más que con aquello ampliamente publicitado como los fenómenos mediáticos y cibernéticos, al estilo de Pokémon Go, que cooptan multitudes en horas y las convierten en pastueñas receptoras de quién sabe cuántos mensajes subliminales. ¿Lo habían pensado? Nada es gratuito en este mundo y, por supuesto, la tendencia a la sumisión es una de las estrategias de los poderosos para dominar a los gobernados y a las naciones satélites. Además, claro, que son distractores formidables.

La correlación la tenemos con los Juegos Olímpicos de Río que no transmiten ninguna de las dos cadenas privadas de televisión con mayor alcance. Los derechos fueron a parar al canal 22 acaso como uno de los más costosos caprichos de Carlos Slim Helú que invirtió una millonada para asesutarles un golpe en el estómago a Emilio Azcárraga Jean y a Ricardo Salinas Pliego, ensoberbecidos por sus coberturas y a quienes se les adelantó por el descuido de ambos. Las pérdidas, por ello, serán cuantiosas para los zares de la televisión y también por Slim porque resulta que, en ausencia de Televisa y TV Azteca, el público no tiene o no ha mostrado mayor interés en las transmisiones desde Brasil.

¿Sólo costumbre? Por supuesto que hay fórmulas para hacer divagar a los televidentes como si se tratara, a través de las ondas eléctricas invisibles, de esparcir las drogas contra el cerebro para inhabilitarlo y convertirlo en un amasijo capaz de creer, en unas semanas, que una selección de fútbol puede pasar de ser goleado –la ignominia contra Chile-, a considerarse una potencia capaz de alcanzar la gloria olímpica. Lo deseo, como todos los mexicanos, pero asumo que también estoy contaminado.

Y sucede, además, que todos los días, sin faltar uno, recibo en mis correos electrónicos y en mis páginas de Facebook –por cierto agradezco las muestras de apoyo y la fidelidad de los seguidores-, innumerables críticas negras, incluso insultos hasta soeces –no me perdonan que mi hijo mayor, Carlos, sea conductor de un noticiario exitoso, lo que me causa una enorme satisfacción porque a mayor número de malquerientes es más sólido el éxito en este país nuestro-, contra Televisa y TV Azteca, la segunda de ellas crecida con el olor nauseabundo de las especulaciones contra los más débiles, las familias de los “indocumentados” a quienes someten al comercio de las “tiendas de raya” para acaparar las comisiones de las remesas. ¿No hay nadie que pueda detener esta usura miserable?

Pero más allá del rencor a las televisoras existe un hecho incontrovertible: se les sigue casi piadosamente y todos los días pese a la enorme cantidad de opciones que pueden contemplarse. Debo confesarles que hace mucho opté por los canales que estrenan películas, digamos Netflix, para evitar toparme con las telenovelas insulsas y con temas repetitivos. Dios me libre.

Acepto, eso sí, que me asomo al noticiario matutino de Televisa para constatar si mi querido conductor está bien y sano, como si me asomara a su recámara de niño. ¿Es un pecado, como piensan algunos, defenderlo contra las denostaciones de los exaltados y los incondicionales de tal y cual político? Como si en México fuera costumbre deslindarse de la progenie por órdenes de quienes creen tener derecho a dirigir las vidas de los demás y no saben qué hacer con las propias.

Los Juegos Olímpicos han puesto a cada cual en su lugar; la fortuna del ahora cuarto mayor multimillonario del mundo, el señor Slim –insisto: hagamos una colecta para que pueda nuevamente alcanzar el trono para lujo de los mexicanos; es broma, claro, antes de que comiencen a insultarme-, sirvió para que la mayor parte de la sociedad se alejara de los mismos por el hecho de no estar anunciados por las grandes televisoras con patrocinios gigantes. En el fondo, lo digo sin reservas, es una mala noticia: tratarán de equilibrarse con las aportaciones propagandísticas de cada político ensoberbecido y creyente de alcanzar alguna nominación presidencial con o sin partido. Las faldas están inquietas; los cófrades –de la mano caída- también.

Lo segundo no es un comentario homofóbico sino, por el contrario, una advertencia para que nadie quiera aprovecharse de los jovencitos ambiciosos para signar pactos íntimos y secretos resguardados por la ligera honra de los disolutos. Así viene ocurriendo desde los tiempos de miguel de la madrid cuando el reclutamiento político pasaba por la oficina del yucateco Emilio Gamboa mientras la madre de ésta se daba a contar “chistes colorados” a la puritana señora Paloma Cordero. Todo tiene explicación en el círculo de las infidelidades y traiciones políticas.

Pese a lo anterior, no parece haber mayor adicción que la derivada de los suministros del conformismo, por la vía de la manipulación, para sostener a un colectivo pastueño, debilitado por sus temores disfrazados de seudo-conocimientos, y dispuesto siempre a ser llevado hacia el abismo de la colusión; basta con tener un cargo para que los males se diluyan en las mentes atrofiadas de los beneficiarios del poder. Los demás siguen gritando, aullando, maldiciendo.

También es una penosa dependencia la que sentimos hacia el presidencialismo, profundamente corroído pero hasta ahora inamovible, que posibilita el sostenimiento de regímenes tan turbios y corruptos como el que rige hoy el destino nacional. En cualquier nación del orbe, el peñismo habría cesado y enclaustrado; en México, en cambio, soportamos la burla de un periodo vacacional por parte de un mandatario que se aleja cuando es más grave, gravísimo, el conflicto con diversos grupos sociales –no sólo el sector magisterial-, que claman por la salida del mandatario que desempeña funciones como si fuera gerente de banco, sin enterarse jamás de los agobios sociales.

No se requieren estupefacientes para adormilar a los mexicanos; pero, ojo, los Juegos Olímpicos eran antes una fuerte distensión que suavizaba los barruntos de tormenta y ahora no lo son porque no fueron transmitidos –mejor, para mí-, por Televisa y TV Azteca. Tantos se les odia, como acaso los fumadores viciosos a los cigarros con mayor tabaco contaminante, que no puede gran parte de la sociedad sin las pantallas chicas y el hilo conductor que éstas imponen. Si se acaban las telenovelas, estoy cierto, puede comenzar una revolución.

Me dan risa quienes, en fin, mostrándose como radicales e incondicionales, aprietan los labios cuando alguien los exhibe. ¡Vengan sus insultos que son lo único para lo cual alcanza el raciocinio de los títeres!

Debate
Si Tamaulipas, en donde nací, es el primer estado fallido de la República, Veracruz es el primero institucionalmente corrupto, no por su gente alegre sino por las cuentas alegres de sus pésimos gobernantes. Y sumamos.

Hace unos días, tras ser reveladas sus inversiones inmobiliarias en Texas –seis residencias en un conjunto habitacional de lujo-, el secretario de Seguridad Púbica de Veracruz, Arturo Bermúdez Zurita, el colaborador más defendido por el inmoral gobernante Javier Duarte de Ochoa, el troglodita de los “cochupos”, decidió separarse de su cargo acaso para tener tiempo suficiente para guarecerse una vez que termine el periodo de su patrón. A su vez, el propio Duarte intercambió denuncias de prevaricación e enriquecimiento (in) explicable, con quien habrá de suplirlo en el cargo, el dantesco Miguel Ángel Yunes Linares, corruptor de Patricio Chirinos Calero y palero de Elba Esther Gordillo dentro de una larga cadena de vergüenzas de alto nivel.

Uno y otro, se arrojan piedras para disimular los abismos de sus propias perversiones. Ni a cual irle. Y esto no significa que tratemos de disculpar a uno o al otro; los dos por igual aunque creo que en materia de maldad Yunes lleva ligera ventaja; además, por lo corto de su período, dos años nada más, no dudamos que su intención sea labrar el camino para su hijito, un junior más, dispuesto a acceder a la gubernatura en 2018. Un círculo rabiosamente amoral.

Por lo pronto, la guerra de Yunes y Duarte va por buen camino; ha servido para exhibirlos a los dos, cumbres de la mayor corrupción imaginable, en medio del caos político en la entrañable entidad veracruzana.

La Anécdota
Cuando iniciaba su mandato, hace seis años, Javier Duarte de Ochoa, en reunión con periodistas, no dejó de llamar a Baja California Sur para, descaradamente, ofrecer su ayuda al abanderado del PRI… que sirvió de muy poco porque éste naufragó entre las ballenas orcas que avistan Los Cabos.

Pero no se olvida que entre telefonema y telefonema hacía otro para informarle de sus gestiones ¡a Elba Esther Gordillo!

-Querida maestra: siguiendo sus instrucciones va para allá la lana.

Y luego explicaría a sus contertulios:

-Democracia sin dinero es e caos.

Con esta filosofía llegó al fin de su gestión.

La ingobernabilidad comienza cuando se pierde la sensibilidad social y los mandatarios se aíslan de los problemas.
Así como peña y su proclividad a viajar, dentro o fuera del país, cada que la crisis política le estalla en las manos.

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