Dígale nuevamente mamá

Por Guillermo Robles Ramírez

Como todos sabemos hoy las mamás están de manteles largos para conmemorar su día. Habrá personas que lamentablemente no tengan en vida a su mamá, pero se puede honrar de otra manera, y respetar aquellas madres solteras y viudas que han sabido sacar adelante a sus hijos.

El Día de la Madre, no se trata de algo inventado por el comercio, es decir, no es invento de la publicidad o mercadotecnia, sino realmente tiene un origen y un por qué.

Se cree que proviene de épocas remotas de la Grecia antigua cuando se le rendía culto a la diosa Rhea, como la madre de los dioses en el mundo mitológico.

Lo más parecido a lo que celebramos en la actualidad se originó en el siglo XVII, en Inglaterra cuando un domingo del año los ricachones le daban un día libre para que visitaran a sus madres permitiéndoseles hornear una tarta para llevarla de regalo; a ese día se le conoció en aquella época como Domingo de la Madre.

En los EU, se realizó en 1872 por la escritora, Julia War Howe, siendo una manifestación pacífica, invitando principalmente a todas las madres que fueron victimadas por la guerra de la milicia, para honrarlos.

Aquí en nuestro país los aztecas rendían culto a la madre de su diosa Coyolxauhqui, representada por la luna, rindiéndole tributo con esculturas en oro y plata, haciendo una peregrinación en distintos puntos de México antes de la conquista, siendo los festejos con motivos de la maternidad entre los pobladores teniendo un carácter de tipo religioso.

Los tiempos cambian, así como también los festejos porque aquel hijo que alguna vez en la escuela le sacaba lágrimas con la canción “Señora, Señora” interpretada por Denisse de Kalafe, fueron cambiados por el mariachi a deshoras ahogados en alcohol y terminando sus seis canciones sin faltar la respectiva serenata para las madres y seguirle a la parranda.

La palabra “mamá”, ha tenido su deformación en la medida que se va creciendo, mientras son pequeños es “mami”, conforme pasa el tiempo es “mamá”, después “madre”; siendo adolescente “jefa” o “jefecita”, luego pasa a su nombre de pila y posteriormente termina con mi “viejecita”, o en su defecto como diría Gordolfo Gelatino uno de los más famosos personajes de los polivoces “mi cabecita de algodón”.

Posiblemente para muchas no les importarán como les digan, para otras reclamarán que con tanto trabajo y batallar para sacarlos adelante para no merecer el escuchar nuevamente el “mamá”, y ser recordadas una vez al año.

        Así que por favor no pongan a trabajar a sus mamás con regalos como licuadoras, vajillas, o cualquier otro artículo de cocina o limpieza, mejor un rato de verdadero convivio, sin celular en mano, y también dígales nuevamente mamá y no jefa, jefecita, cabecita de algodón, chaparra o cualquier otra referencia. ¡Feliz Día de las Madres incluyendo la mía! Y en lo personal también a mi suegra que le digo mamá Nena porque la quiero mucho.   (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018) www.intersip.org