El divino arte de leer

Por Felipe Pliego Platas

Leer es un acto supremo del poder humano. Quien lee, viaja; quien lee, dialoga; quien lee, crea.

Sin un afán de magnificar la lectura, quisiera hacer una breve exposición de lo que ésta puede constituir o ser.

Leer no solo implica el acto de decodificación de los símbolos – grafías dicen los entendidos- , sino  la interacción que el lector tiene con el texto. Me explico.

Un libro puede ser sujeto de múltiples interpretaciones, en virtud de los referentes de cada persona.

La historia cultural de cada individuo, constituye sin lugar a dudas, el ingrediente fundamental que permite dar orientación a un texto y la razón esencial para que la lectura sea infinita.

He aquí un ejemplo, para ilustrar lo señalado. Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la célebre novela el ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha, señala en un apartado de su obra que la razón fundamental para escribirla fue “llevar al aborrecimiento de los hombres, las disparatadas historias de caballería” pues en su época había mucha gente que era terriblemente aficionado a dichas historias y a él le disgustaba que las personas perdieran el tiempo en esas mediocridades.

Al paso de los años, la intención de Cervantes se ha diluido en el olvido, dejando en su lugar una serie de interpretaciones dignas de un hermeneuta.

Adolfo Sánchez Vázquez, eminente catedrático de la facultad de filosofía, por citar a uno, escribió en un interesante ensayo, que Cervantes se adelantó a Carlos Marx, porque en el capítulo XI, hay una referencia clara al comunismo primitivo, esa etapa idílica de organización social en la que no existía la propiedad privada. Y en efecto, al revisar la obra, se comprueba lo afirmado por Sánchez Vázquez. Interesante análisis porque permite hacer visible y reafirmar lo señalado en las primeras líneas de esta exposición:

 Los libros se recrean en cada lectura. Cada lector le da un sentido distinto al contenido de los libros posibilitando que éstos jamás pierdan su vigencia.

Por ello me parece una auténtica chabacanada el afirmar que los libros son el medio para el adoctrinamiento como se ha supuesto en múltiples ocasiones a través de la historia de la humanidad.

La misma biblia, ha sido usada por la teología de la liberación para darle un sentido humano a su contenido, al encontrarle vínculos muy estrechos con el marxismo-leninismo, transformándolo en un libro auténticamente revolucionario, para esta corriente que milita dentro de una de las corporaciones más conservadoras: la iglesia cristiano-católica.

En un recorrido por las redes, encontré hace días una crítica simplista a la pretensión de Paco Ignacio Taibo II, de reducir el costo de los libros.

Según algunos usuarios de la red facebook, en el propósito, se halla la intención de adoctrinar. Burda crítica si entendemos que los libros, aún los que tienen un sustento ideológico reaccionario pueden, en virtud de los referentes de quien lo lee, encontrarle un sentido absolutamente revolucionario.

La lectura es entonces, desde la perspectiva de quien esto escribe, la posibilidad de encontrarse no solo con nuevos conocimientos sino con el medio para crear otros.

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La justicia aún ausente del caso del maestro Manuel Fernando Moreno Vera, catedrático de la Universidad Politécnica de Pachuca (UPP), quien mantuvo una huelga de hambre durante tres días para exigir a las autoridades de la institución, deje de utilizar a los alumnos en concentraciones de carácter político, fue obligado a levantar su protesta por el acoso de

 un impresionante operativo policiaco. ¡Solución al caso del catedrático! ¡No al autoritarismo!