Columnistas

El hambre y el suelo

Por Roberto Salomón

La Habana (PL) Los expertos coinciden en que la progresiva degradación de los suelos a escala planetaria amenaza la seguridad alimentaria, particularmente en los países en vías de desarrollo, donde se concentra la mayor parte de la población.
Si hace algunas décadas se le prestaba escasa atención a ese fenómeno, pues solo se explotaba la mitad de la tierra cultivable existente, actualmente la situación es muy diferente.
En efecto, no pocos especialistas coinciden en que la combinación del crecimiento demográfico y la degradación de los suelos podría tornarse explosiva y provocar una multiplicación de los conflictos sobre la utilización de las tierras.   La situación no es nada sencilla, pues además existen otros problemas como el de que en zonas donde hay terrenos fértiles se carece del agua y la población indispensables, por lo que en esos lugares de nada vale contar con suelos buenos si no se les puede sacar partido.
De acuerdo con analistas, la magnitud del problema queda de manifiesto cuando se conoce que la superficie con suficiente regadíos en lugares que demandan esta atención no aumenta mucho, apenas un dos por ciento anual.
Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), actualmente padecen hambre cerca de 800 millones de personas, y aunque la cifra hace una década superaba los mil millones, es demasiada aún la legión de los que sufren ese flagelo.
Las necesidades alimentarias no van dejar de aumentar y lo más probable es que la disponibilidad de tierras arables por habitante continúe disminuyendo, particularmente en las naciones del Sur subdesarrollado.
Estas y otras temáticas relacionadas con la seguridad alimentaria fueron analizadas en la 39 Conferencia de la FAO, realizado recientemente en Roma.
Pocos días antes en La Habana se efectuó un taller sobre La Alianza Regional del Suelo (para el área del Caribe, Centroamérica y México), a iniciativa de ese organismo internacional, a fin de adoptar una estrategia con vistas a la protección y conservación de ese recurso vital para la producción de nutrientes.
El secretario de la Alianza Mundial por el Suelo, el boliviano Ronald Vargas, destacó entre los acuerdos de la reunión, el establecimiento de un programa regional de manejo, conservación y restauración de los suelos, y de una plataforma destinada a su gestión sostenible que incluya educación, y actividades continuas de sensibilización y concientización.
También incrementar la inversión en los países de la región en la investigación interdisciplinaria y aplicada en suelos.
Asimismo, el fortalecimiento del sistema de Información de Suelos de Latinoamérica (Sislac) y el desarrollo de capacidades en cartografía digital de los terrenos fértiles, y aplicaciones funcionales, entre otros.
No podía faltar, además, el establecimiento de un programa regional para la estandarización de muestreos y análisis de suelos (red de laboratorios) y metodologías para evaluar el impacto de las áreas beneficiadas con el manejo sostenible.
Los suelos sanos son la base de la producción mundial de alimentos y deberían convertirse en un elemento clave en las políticas públicas, aseguró el director de la División de Tierras y Aguas de la FAO, Moujahed Achouri
Se trata de un recurso esencial para lograr la seguridad alimentaria y la nutrición y tiene el potencial de ayudar a mitigar los efectos negativos del cambio climático, indicó Achouri, quien alertó que la presión sobre los recursos del suelo está llegando a límites críticos.
Según el experto, además de mantener el  95 por ciento de la producción de alimentos, los suelos albergan más de una cuarta parte de la biodiversidad del planeta, son una fuente importante de productos farmacéuticos, y juegan un papel fundamental en el ciclo del carbono.
Al mismo tiempo -alertó- el nivel de degradación del suelo, que se calcula en un 33 por ciento a nivel mundial, es alarmante y tiene el potencial de poner en peligro la seguridad alimentaria y enviar muchas personas a la pobreza.
Se considera que la gestión sostenible de esa capa cultivable, a su vez, puede contribuir a la producción de más alimentos y más saludables.
No es fortuito que la FAO  haya  lanzado un llamamiento internacional a los responsables de gestionar los suelos y de las políticas para que trabajen juntos a fin de reducir su degradación y recuperar las tierras ya afectadas.
La idea de que tenga lugar una convención general de suelos, dada su conveniencia, ha estado en la mente de muchos especialistas, que batallan incluso aún para que se realice.
Acerca del particular, Vargas comentó a Prensa Latina que ese objetivo es realmente difícil de lograr pues ya existe la Convención sobre la Desertificación, por lo cual hay quienes se oponen a la ampliación de esta con la inclusión de la problemática del suelo.
Prácticamente se ha convertido en un axioma entre los expertos, que si se desea satisfacer la necesidad primordial de la humanidad de contar con seguridad alimentaria y nutrición, mitigar el cambio climático y alcanzar el desarrollo sostenible, los recursos del suelo deben contar con la atención mundial que se merecen.

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