Elogio al magisterio

Por Felipe Pliego Platas

En su afán por imponer la reforma educativa, el sexenio Peñista y los dos anteriores, centraron un feroz ataque en contra de los maestros del país.

En cada entrevista o programa dedicado a la educación, los “comunicadores” del país, basados en guiones impuestos, se dedicaron a descalificar al magisterio nacional con burdas y descomunales diatribas.

Con la clara intención de erosionar y debilitar el apoyo social de la docencia para imponer una reforma que laceraba sus derechos más elementales, el gobierno apostó como medida extrema, el desprestigio de ese sector que durante décadas formó parte de un referente moral incuestionable.

Con ese firme propósito, el gobierno, asistido por el grupo empresarial Vamos México, echó mano de recursos verdaderamente infames: con una inversión millonaria, se editó la película de panzazo, un burdo y auténtico libelo en contra de los maestros.

Poco a poco, la intención fue dando frutos. En amplios sectores de la sociedad, comenzaron a insertarse dentro del vocabulario expresiones como burros, irresponsables, flojos, muertos de hambre y una cantidad incontable de términos para referirse a los académicos.

En las escuelas y en las aulas, el efecto fue demoledor. Con una endeble autoridad moral producto de las campañas denigratorias, muchos docentes han tenido que lidiar con las actitudes de algunos padres de familia que asumieron una postura contestataria y un distanciamiento o desinterés hacia las actividades que demandaban su apoyo para consolidar los procesos educativos.

El reporte de daños es verdaderamente lamentable: la profesión, que por cierto es de las peor pagadas en el país, se encuentra totalmente desprestigiada. En el imaginario popular, subyace la idea de que la labor docente puede ser desempeñada por cualquier persona que tenga una formación académica mediana o elemental.

Ante este desesperanzador escenario, es preciso que se plantee como eje fundamental de la nueva reforma, la recuperación del prestigio del maestro. La labor no será fácil, ya que el bombardeo ejecutado para debilitar su autoridad, prevalecerá por largo tiempo en la memoria colectiva.

Convencer al colectivo nacional, que el magisterio forma parte fundamental en la consolidación de un país progresista, tendrá que ser una labor que involucre, no sólo acciones gubernamentales sino del magisterio en su conjunto.

La mayoría de la docencia nacional se ha caracterizado por tener una vocación y una responsabilidad a prueba de todo, virtudes fundamentales que pueden abonar para revertir la percepción negativa, sin embargo, mientras no sea reforzado con acciones gubernamentales, el daño seguirá prevaleciendo por largo tiempo.

Como corolario de esta breve exposición, es necesario señalar que la labor del maestro es de las actividades más complicadas.

A diferencia de las demás profesiones que se especializan en el conocimiento de un área, la docencia exige un saber enciclopédico, pero sobre todo una formación profunda en la pedagogía, la filosofía y la psicología, situación que no siempre es fácil de alcanzar.

Denigrar la profesión del maestro, es un sinsentido. Solo puede ser conferido por una clase tosca, que ve al magisterio como un enemigo del progreso.

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