Columnistas

Joaquín Gómez, influyente político español y traficante de esclavos

Por Marta Denis Valle

La Habana, (PL) El comerciante español Joaquín Gómez, negrero principalísimo en La Habana durante la regencia de María Cristina de Borbón (1833-1840), alcanzó el rango de portavoz de los esclavistas y al mismo tiempo de la reina de España.
En la práctica Joaquín Gómez Hano de la Vega (1776-1860) fue representante aquí de importantes intereses de la administración colonial y de la nobleza peninsular, el gobierno metropolitano e incluso, de la Casa Real.
Formó parte del círculo palaciego del Gobernador y capitán general (1834-1838) Miguel Tacón y Rosique, constituido por grandes comerciantes españoles, y con su presencia Gómez influyó en los asuntos políticos como la deportación del cubano José Antonio Saco.
Sin fecha conocida de su arribo a esta capital y sobre sus negocios en detalle, en 1820 era regidor del ayuntamiento habanero y, al siguiente año, Cónsul del Real Tribunal de Comercio (en 1834 ascendió a prior del mismo).
Considerado la sexta fortuna de Cuba, en esa época fue vocal de la Junta de Población Blanca, Patrono de los inmigrantes españoles, director del Banco de San Fernando o de Fernando VII y miembro de la Junta de Notables que proponía leyes especiales para Cuba.
En 1837 Tacón le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, con el tratamiento de Excelentísimo Señor, por sus servicios como repartidor-cobrador de emancipados y administrador de los fondos de obras públicas.
El mandato de Tacón se caracterizó por la relegación a un segundo plano político de la aristocracia criolla y sus voceros, en beneficio de la burguesía peninsular que ascendía por medio de los liberales a un primer plano en Madrid.
Tacón, un general derrotado por los patriotas hispanoamericanos, era del grupo de militares que se llamaban a sí mismos “los ayacuchos”; aquí lucró a cuenta de negocios turbios y de la tolerancia del comercio clandestino de esclavos.
La regente María Cristina, junto con su segundo marido el Duque de
Riánsares, realizó jugosos negocios en Cuba: eran propietarios del ingenio Santa Susana y tuvieron inversiones en bancos, ferrocarriles y almacenes.
LOS SERVICIOS DEL NEGRERO GOMEZ HANO DE LA VEGA
El mercado ilegal de esclavos -comercio clandestino- se desarrolló a partir de la entrada en vigor en 1820 del acuerdo (Inglaterra-España) para la eliminación de la trata negrera, firmado en 1817 y ratificado en 1835.
Según investigaciones históricas, al finalizar el período legal de la trata Joaquín Gómez es el octavo negrero de Cuba y durante la etapa del contrabando emerge como negrero principalísimo y hombre fundamental de la política colonial.
Su grupo actuó en parte en forma encubierta, por razones políticas y sus vínculos  con la Corona y la Corte españolas; utilizó sus relaciones en Barcelona, Cádiz y La Habana, que le daban cobertura para operar una flota que suministraba negros capturados en Africa y llevaba mercancías a España.
La flota, organizada por Jayme Tintó, de Barcelona, contaba con una
fragata, bergantines, goletas y otros barcos; el consignatario en La Habana era Joaquín Gómez.
La corrupción de las autoridades coloniales sirvió de fondo al tráfico clandestino; en años anteriores cobraban 10 pesos por cada esclavo desembarcado, pero solo una parte llegada realmente al Capitán General.
Tacón lo organizó de tal forma que ocho fueran a sus manos, así recibió unos 450 mil pesos durante sus cuatro años de mandato; otros tres pesos se destinaban al Comandante de Marina, dos para el administrador de la aduana y uno para el capitán del puerto.
Otro negocio fue la llamada comisión de los emancipados, en la que Tacón introdujo a Gómez; numerosos de esos esclavos eran vendidos nuevamente o utilizados en construcciones.
Gómez logró interesar a la reina María Cristina en el negocio del
contrabando al enviarle una cantidad de dinero por cada esclavo que introdujera en calidad de consignatario.
Casado, sin hijos, formó su red de colaboradores con familiares cercanos; su sobrino y ahijado José María Cagigal Gómez era su socio en el negocio de bozales y emancipados; heredó parte de su fortuna.
Otro sobrino y heredero de la mayor parte de su fortuna, Rafael Toca Gómez y Hano de la Vega (1811-1879), natural de Hazas, Santander, continuó su turbio comercio, enaltecido por España con el título de primer Conde de San Ignacio.
Toca, quien llegó a Cuba a la edad de 15 años, entre otros cargos
perteneció al Consejo de Administración en la Real Hacienda, fue tesorero de la Caja Real de Descuentos, de la Junta Protectora de Emancipados, vocal de la Junta superior de Sanidad y Juez español del Tribunal Mixto de Justicia.
Consejero y fundador del Banco Español y regidor del Ayuntamiento de la Habana, obtuvo también la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica; fue dueño de los ingenios Santa Teresa, Gerardo, Neptuno y San Ignacio.
Joaquín Gómez falleció en la Habana, el 2 de febrero de 1860, a los 83 años. Algunos autores afirman que nació en Cádiz; otros aseguran que procedía de Hazas, Santander, donde costeó la reforma de la iglesia parroquial y existe una placa al respeto.
Estaba ciego desde 1846 cuando el médico catalán Verdaguer rompió en su cabeza un frasco de vitriolo (ácido sulfúrico), al responsabilizarlo de su ruina.

Deja un comentario