La IV transformación y las resistencias

Por Felipe Pliego Platas

La resistencia al cambio es una condición natural de los seres vivos y por añadidura de las sociedades.

La inercia impuesta por décadas no es fácil de detener aun cuando las condiciones sean adversas.

Tomando como referencia a Aristóteles que decía que los hombres no son naturalmente iguales pues unos nacen para ser esclavos y otros para dominar, Juan Jacobo Rousseau, lo corrige diciendo que Aristóteles tenía razón solo que tomaba el efecto por la causa: “todo hombre nacido esclavo, nace para la esclavitud, nada es más cierto.

Los esclavos pierden todo, hasta el deseo de su libertad: aman la servidumbre, como los compañeros de Ulises amaban su embrutecimiento.

Sí existen, pues, esclavos por naturaleza, es porque los ha habido contrariando sus leyes: la fuerza hizo los primeros, su vileza los ha perpetuado”

Una sociedad que ha vivido por décadas, sujeto a una tiranía, ve como natural las imposiciones de ésta, aun cuando los efectos de las decisiones lo condenen a una vida mísera y quizá por ello, cuando existe la factibilidad de un cambio, sus reacciones producto de su envilecimiento, tienden a defender al tirano y su condición de vida.

La realidad mexicana vigente, retrata con exactitud las condiciones referidas: Sumidos en un sistema en el que durante décadas se impuso un estado de cosas que dieron origen a una sociedad desigual, injusta, poco proclive a la vida democrática y honesta, sus impulsores, los gobernantes sembraron la semilla del conformismo y la mediocridad.

Bajo estas condiciones, hemos visto sectores de la sociedad que se cierran visceralmente ante la posibilidad de erradicar las condiciones que los ha envilecido, haciendo valer lo que Rousseau señalaba en su espléndida obra el contrato social.

Está resistencia no solo es visible en las descalificaciones a priori, también se hace evidente en el rechazo visceral ante cualquier propuesta.

Sin pretender imponer la idea de que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador es impoluto en forma y fondo, es innegable que nos encontramos ante un estilo de proceder distinto, un estilo que ha pretendido romper con las inercias mantenidas por varios sexenios.

Estemos o no de acuerdo con dicho modelo, no podemos afirmar bajo alguna circunstancia que “es más de lo mismo.”

La resistencia a las iniciativas del gobierno, son producto de dos condiciones: la primera, referida a aquel sector de la población que, a fuerza de las imposiciones frecuentes, desarrollaron el estado señalada por Rousseau.

Ése sector, se caracteriza por creer que un cambio va a destruir su imaginario bienestar; la segunda se da en ese espectro de la sociedad que gozando de circunstancias que favorece la existencia de privilegios, ve amenazado su status.

Las diferencias en ambos casos son dignas de resaltar ya que mientras unos responden a una amenaza real (élite social), los otros, impulsados por una percepción errónea, creen perder lo que nunca han tenido (grupo social que ha perdido su identidad).

Bajo esas circunstancias, el gobierno obradorista proyecta un modelo que pretende modificar el statu quo. ¿Podrá lograrlo, teniendo como fuerza opositora, dichas resistencias? El tiempo lo dirá.