Reflexiones sobre la inseguridad

Por Felipe De Jesús Pliego

La inseguridad que padece el país desde hace años, obliga a plantear las siguientes preguntas:

¿Qué condiciones hicieron que nuestra nación se convirtiera en un país con altos índices de delincuencia?

¿Es viable abatir la delincuencia con esquemas policiales?

¿Será posible abatir o por lo menos reducir los índices de criminalidad a corto plazo?

Trataré en este ejercicio de análisis, dar respuesta puntual a cada una de las interrogantes.

Durante décadas la sociedad mexicana se caracterizó por ser un conglomerado cálido y respetuoso.

Al interior de la mayoría de las familias se promovía la honestidad, el respeto, la humildad y la honradez como principios que de manera inevitable tenían que regir los actos y por añadidura, la vida de cada individuo.

Este esquema moral y ético fue la base de formación de varias generaciones hasta que el modelo económico se modificó. De la noche a la mañana, las empresas materialmente congelaron los salarios de sus empleados, aplicando aumentos muy por debajo de los niveles inflacionarios.

En estas circunstancias, el poder adquisitivo fue deteriorándose paulatinamente hasta el grado de ser insuficiente para resolver las necesidades más elementales.

Derivado de esta situación, muchas mujeres que por años se dedicaron a las labores domésticas familiares se vieron obligadas a incorporarse al sector laboral para apoyar y completar los ingresos que garantizaran la satisfacción de las necesidades fundamentales.

La incorporación de ambos cónyuges al sector laboral, dejó sin guía moral a muchos hogares. Los menores de las subsecuentes generaciones crecieron sin el cuidado, la vigilancia y guía moral con la que las generaciones anteriores se habían desarrollado.

De manera imperceptible, la percepción de éxito y fracaso comenzó a modificarse en esta sociedad en eclosión.

 Si ser exitoso en las generaciones pasadas fue crecer sin el estigma de la deshonra por carecer de los valores fundamentales como la honradez, la humildad, el respeto o la honestidad, ser exitoso en esta nueva sociedad consiste en acumular cuánta riqueza material sea posible, no importando los medios utilizados para tal propósito.

Quizá todo ello se vea terriblemente ilustrado en el testimonio ofrecido por un joven criminal que fue entrevistado por la periodista Anabel Hernández y cuyo testimonio se reproduce en el libro los señores del narco, en la cual señala que el prefiere vivir cinco años como rey y no cincuenta como buey.

Es evidente que la circunstancia económica modificó el status social. Hoy, para desgracia de la sociedad mexicana, prevalece ese terrible concepto de éxito, sin duda una de las semillas que día a día hacen germinar actos criminales.

Ante este terrible escenario, nos hemos preguntado si es posible abatir la criminalidad con esquemas policiales.

Aunque se tiene como referente el esquema del combate a la criminalidad por parte del gobierno de Porfirio Díaz, quien castigó con pena de muerte a todo aquel que fuera acusado de haber llevado a cabo algún acto criminal, nuestro marco legal y conceptual no acepta bajo alguna circunstancia, un recurso como éste para hacer frente a la criminalidad. Y es evidente que cualquier esquema policial que pretenda combatir a la criminalidad, está condenado al fracaso, mientras no se combata frontalmente las desigualdades sociales alimentadas por el sistema económico y se implementen estrategias educativas en pro de la recomposición social. No habrá policía suficiente para hacer frente al flagelo de la ilegalidad.

Por ello concluyo, que será difícil que a corto plazo se resuelva este terrible problema que a todos preocupa.

Ante este terrible escenario, nos hemos preguntado si es posible abatir la criminalidad con esquemas policiales.

Aunque se tiene como referente el esquema del combate a la criminalidad por parte del gobierno de Porfirio Díaz, quien castigó con pena de muerte a todo aquel que fuera acusado de haber llevado a cabo algún acto criminal, nuestro marco legal y conceptual no acepta bajo alguna circunstancia, un recurso como éste para hacer frente a la criminalidad. Y es evidente que cualquier esquema policial que pretenda combatir a la criminalidad, está condenado al fracaso, mientras no se combata frontalmente las desigualdades sociales alimentadas por el sistema económico y se implementen estrategias educativas en pro de la recomposición social. No habrá policía suficiente para hacer frente al flagelo de la ilegalidad. Por ello concluyo, que será difícil que a corto plazo se resuelva este terrible problema que a todos preocupa.

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