Fraternidad Universal

Por Arom Leamsi.

La idea de Fraternidad Universal, en cuanto idea capaz de movilizar a millones de ciudadanos, parece que empieza a convertirse en un ingente paradoja en nuestro país, pues esta empieza a tomar matices de agresividad y violencia entre hermanos, y por eso mismo, tiene mucho de paradójico, pues, ¿cómo entender que los seguidores de quien instauró como un último mandamiento la Fraternidad Universal hoy la condenan?

Esta paradoja que por hoy se manifiesta en el terreno del lenguaje, es tan contradictoria como aquella que apela a la “guerra contra la guerra”. 34Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. (Juan 13:34 Reina-Valera 1960) ¿No es este un llamamiento a la fraternidad de todos los hombres y mujeres del mundo?

Es innegable que en la formación de los sentimientos morales de un niño en edad escolar e incluso desde el preescolar, tiene un papel destacadísimo su intervención y participación  en los grupos con los que fraterniza. Al formar parte de un grupo escolar, el niño empieza a sentirse miembro de su  escuela, de su comunidad, de su estado y de su Nación.

Los sentimientos morales del escolar de primaria se forman antes de que el niño conozca las normas morales. A esta edad sus sentimientos son directos. Es natural que el niño no pueda explicar por qué se debe actuar así y no de otra manera, pero su sentimiento moral, consecuencia de su experiencia, le indica lo que está bien y lo que está mal. Todo niño sabe que fraternizar está bien.

La experiencia práctica de la conducta moral tiene una gran significación para que se formen los sentimientos morales desde la edad escolar. Los sentimientos de los  niños siempre estarán ligados con objetos y situaciones  concretas, las exigencias morales se expresan en reglas de conducta y se conectan principalmente con  situaciones conocidas directamente.

“El cristiano debe amar a los demás, y por tanto, respetar las opiniones contrarias a las suyas, y convivir con plena fraternidad con quienes piensan de otro modo.”

JOSEMARIA ESCRIVÁ DE BALAGUER

El escolar de los primeros cursos de cualquier área del conocimiento, asimila mejor los sentimientos morales  cuando se fija en las cualidades de personas determinadas que le sirven de modelo. A principio de los años 70 del siglo pasado, en mi formación religiosa me enseñaron y aprendí que la mayor expresión de moralidad se expresaba en el amor incondicional hacia mis semejantes, pues todos somos hijos de un solo Dios.

En nuestro país, una inmensa mayoría de infantes, lo mismo que yo, aprenden que la Iglesia Católica “proclama la fraternidad universal entre todos los hombres, prescindiendo de su religión, raza, nación, lengua, etc., en virtud del común origen en Dios Padre creador”[i]: la “ley de solidaridad humana y de caridad, sin excluir la rica variedad de las personas, las culturas y los pueblos, nos asegura que todos los hombres son verdaderamente hermanos” (CIC 361, Catecismo de la Iglesia Católica).

“La fraternidad universal entre los hombres constituye la misión de los laicos en el mundo (AA 14). GS 91 propugna que los fieles y cada iglesia “ajusten mejor el mundo a la superior dignidad del hombre, tiendan a una fraternidad universal más profundamente arraigada y, bajo el impulso del amor, con esfuerzo generoso y unido, respondan a las urgentes exigencias de nuestra edad”. Sólo una conciencia de esta fraternidad puede garantizar la verdadera paz entre las naciones (GS 78)”[ii].

“Pero esta fraternidad, inscrita en la naturaleza misma del ser humano está, por así decirlo, escondida, o mejor dicho, ofuscada por el pecado (y por las estructuras de pecado) existentes en el mundo. Los seres humanos, subestimando la paternidad divina, no reconocen tampoco la unión ontológica que los une y sus conciencias no perciben plenamente el afecto solidario que debería brotar. La humanidad, hoy como siempre, se encuentra en una encrucijada entre la fraternidad y el odio (GS 9)”[iii].

Estoy convencido de que la fraternidad en sentido estricto (por línea materna), tiene muy poco que ver con la fraternidad metafórica que se pretende establecer entre conciudadanos, o entre los miembros de un Partido, o entre los miembros de la misma Iglesia, o raza, o Nación, o especie. Entonces ¿Por qué nos detenemos en la especie linneana? ¿Por qué tanto miedo a pasar al género, al cultivo de los lazos fraternos entre individuos de distintas especies de un mismo género como enseñó Jesucristo?

“Los hijos aprenden poco de las palabras; sólo sirven tus actos y la coherencia de éstos con las palabras.”

JOAN MANUEL SERRAT

¿No procedemos todos del mismo tronco y somos, por lo tanto, hermanos, en un sentido amplio? Hasta los activistas de las ligas de protección de los animales defienden la misma tesis. Entonces ¿En qué nos hemos equivocado aquellos que crecimos cantando, con la melodía de 5° Sinfonía de Beethoven, aquellos versos: “…ven canta, sueña cantando, vive soñando el nuevo Sol, en que los hombres volverán a ser Hermanos…” en el coro de la Iglesia?

¿Qué pasará con los futuros ciudadanos de nuestro país que hoy cursan la primaria y que son creyentes, cuando se enteren de que la solidaridad, la fraternidad, es propia de grupos enemigos de la Iglesia Católica?  La fraternidad extendida a todos los hombres, es decir, la “filantropía” ¿niega el Amor en Cristo Rey? ¿La caridad en Cristo es la negación de la filantropía?

Como laico y como hombre que tiene fe en la humanidad, quiero recordar, a quien lee este opúsculo, que la idea de “fraternidad” conlleva conceptos de nexos de convivencia y de respeto mutuo entre quienes conviven en una sociedad política, conceptos que a su vez, se organizan en tomo a la idea de “solidaridad”.

La solidaridad, en efecto, sólo tiene sentido si se reconoce la “individualidad soberana”, lo “valiosa” que es cada persona humana. Pero, ¿qué solidaridad cabe establecer con aquellos creyentes en las doctrinas de Paz y Amor a la Humanidad, cuando califican a la “Fraternidad Universal” como cosa de grupos contrarios a la Iglesia?

La fraternidad es la cohesión o solidaridad entre las partes de un todo, por consiguiente, la buena convivencia en una sociedad política exige no rebasar ciertos límites de libertad o de desigualdad (de injusticia), a riego de desequilibrar el sistema social. A quienes se escandaliza por los vítores a la Fraternidad Universal les recuerdo el siguiente pasaje: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa?… Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”. El ideal de la Fraternidad Universal es una aspiración cosmopolita, y de ninguna manera, patrimonio de ningún grupo, cualquiera que sea su filiación o estructura organizacional.


[i] https://es.catholic.net/op/articulos/42846/cat/414/clave-conceptual-fraternidadhermandad.html#modal

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