¿Quién gobierna en una Democracia?

Por Arom Leamsi

Para responder a la pregunta del enunciado titular necesitamos tener una idea de lo que es la Democracia, una noción de lo que se entiende por Democracia. En términos generales, el concepto de Democracia puede abordarse desde dos sentidos, uno que le llamaré sentido técnico y al otro que por lo pronto lo denominaré abstracto.

Desde el punto de vista técnico, la democracia se entiende precisamente apelando a las cuestiones técnicas  involucradas en la organización de la elección de los representantes del Pueblo de una Democracia: ubicación de las urnas en las elecciones, registro de los partidos y sus candidatos, reglamentación de las campañas,  de  asignación de recursos públicos a cada partido, etc. Es sorprendente, pero muy frecuentemente los votantes entienden la democracia en el sentido técnico. Democracia es elegir a mis representantes en las votaciones.

El sentido abstracto es al que más recurren los políticos profesionales. La democracia es el sistema político basado en la voluntad popular; en la democracia se respeta la voluntad del Pueblo; la democracia es el Gobierno del Pueblo para el Pueblo. Aunque esta concepción ideológica de la democracia es la preferida de los políticos, por razones evidentes, esta no dice nada.

¿El todo es mayor que las partes?

¿Qué es el pueblo? La mayoría de las modernas sociedades políticas rebasan los 100 000 habitantes. En estas sociedades no podemos pensar en reunir a ciudadanos y habitantes en un espacio abierto para congregarlos en asamblea o consejo de su comunidad. Técnica y humanamente es imposible reunir a todos los miembros que constituyen al Pueblo, y menos en aquellas ciudades que tiene millones de ciudadanos.

En la elaboración de las leyes de una sociedad, los ciudadanos no pueden expresarse individualmente, sino en conjunto, es decir, como Pueblo. El Pueblo tiene que expresarse a través de los diputados, que son quienes los representan en las cámaras legislativas. La elección de los representantes del Pueblo se hace a través de ciertos canales y mecanismos que obscurecen el concepto de Pueblo.

La dificultad está en saber que conexión hay entre el Pueblo y esos canales llamados partidos. Con la aparición de estos canales, los representantes del Pueblo comienzan a dibujar la idea del Pueblo que lo ha elegido, como un Pueblo carente de una mínima unidad de convivencia, ellos, los representantes, son la evidencia de que el Pueblo  es un conjunto de partes (partidos), que divide a la sociedad en dos, en tres, o en tantas partes como partidos haya en esa sociedad.

Entonces no es el Pueblo quien se expresa en las cámaras, sino los partidos políticos que se supone representan al Pueblo. Se supone que representan al “Pueblo”, porque en los hechos, las cosas llegan hasta tal punto que, los programas que se debaten, los que se someten a votación, el Pueblo en general no los conoce, más que a nivel muy general, pues es imposible que los integrantes del Pueblo pueda conocerlos a detalle, no por falta de tiempo, sino por falta de capacidad.

 No tiene la culpa el indio sino quien lo hizo compadre

Por ejemplo, para entender un programa político de tipo económico, la gente común no esta en capacidad de juzgar. Frente a esto, la mayoría de la gente de a pie tiene que confiar en el candidato o su representante ante las cámaras. Durante la elección, el ciudadano traslada su opinión al candidato que va a ser diputado, confía en él, no es que de a conocer su opinión al candidato, sino que confía en el candidato y a su ves en el presidente del gobierno o del partido del candidato.

Como se ve, cuando los ciudadanos votan, no entregan su opinión fundada al candidato, porque no la tienen, votan porque confían en que su representante va a expresar lo que ellos quieren y confían en ellos por diversas razones, entre otras, porque el candidato pertenece al partido político en el que militan o simpatizan, y entonces se genera el milagro alquímico de los partidos en las Democracias.

Este proceso alquímico consiste en la transmutación del Pueblo en la Asamblea de Representantes, Asamblea que a su vez, está constituida por candidatos, la mayoría de los cuales, a su vez, tampoco entienden a fondo los programas que se van a discutir y que son importantes ―o deberían serlo, y cuando votan, lo hacen por razones partidistas, es decir de su partido. El Pueblo es un ente mudo.

De esta transmutación resulta que la “Asamblea de Representantes del Pueblo”, es el resultado de tal cantidad de transformaciones, que es imposible creer que sea el Pueblo el que está gobernando. En los hechos, es un conjunto de representantes divididos en partidos, quienes hacen las leyes que, al mismo tiempo, ni siquiera son la expresión de la asamblea, puesto que casi siempre las mayorías parlamentarias no está conformada por la mayoría absoluta, sino por coaliciones de partidos.

Para concluir, sólo me queda decir que la transformación del Pueblo en la Asamblea de representantes, y de esta Asamblea en Leyes, es un proceso tan misterioso como el de los alquimistas, pero al revés; la transmutación de los partidos convierten el oro en plomo. Entonces, en una Democracia como la mexicana ¿Quién Gobierna?

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