Columnistas

Desafio

Por Rafael Loret de Mola

*Preparativos de Fuga
*Catástrofes Naturales
*Elecciones Dantescas

Para nadie es un secreto, en Veracruz ni en el centro del país, la posible fuga de Javier Duarte de Ochoa, mandatario de la costeña entidad, a más tardar el 30 de noviembre próximo último día en que ostentará el cargo ejecutivo cuyo valor moral y político él ha devastado. Al día siguiente, asumirá el poder, mismo que ya tuvo durante el periodo del borrachín Patricio Chirinos Calero al que corrompió para que le dejara a él las manos libres en su condición de secretario de Gobierno, Miguel Ángel Yunes Linares, uno de los más repulsivos miembros de la clase política mexicana. ¡Pobres de los veracruzanos!
Dos evidencias saltan a la vista. Duarte ha estado alistándose para abandonar el país, posiblemente hacia alguna pequeña ciudad de los Estados Unidos para de allí viajar a cualquiera de las naciones con las que México no ha signado tratados de extradición, unos días antes de la entrega de la titularidad del Ejecutivo; pero, por otra parte, exultante y en momentos de presión alta, el propio Javier no ha dejado de insistir en que hará hasta lo imposible, “aunque me cueste la vida”, para impedir la llegada de un rufián de calaña mayor a la suya. Un duelo de delincuentes, ladrones y asesinos como parte de la institucionalidad.
El antecedente más cercano sobre una sucesión sin cabeza es la de Joaquín Hendricks Díaz quien fue “plantado” por su antecesor, Mario Villanueva Madrid, quien debió salir por piernas de Quintana Roo sin presentarse al acto protocolario de transmisión del Ejecutivo; y desde entonces, 4 de abril de 1999, se convirtió en prófugo de la justicia, refugiado en uno de los ranchos de su “padrino”, el extinto cacique víctor cervera, aproximadamente dos años cuando creyó que las aguas se habían calmado –luego de la toma de posesión de vicente fox y sus ajustes con elementos que le precedieron-, y fue detenido en Cancún con una pequeña escolta. Luego todo se volvió nebuloso para él incluyendo su extradición a los Estados Unidos; en 2013, un juez de Nueva York le sentenció a prisión por trece años.
Una ruta muy parecida, si bien basada en la posibilidad de que sea parte del programa de protección a testigos, es la pretendida por Duarte considerando cuanto sabe de quienes le llevaron al gobierno veracruzano y luego lo dejaron a su suerte al descubrirse el nivel de sus enjuagues políticos degradantes. No midió sus límites, como los Moreira en Coahuila por ejemplo, luego de ser uno de los principales promotores y financieros de la campaña presidencial de peña nieto; con dinero sucio, se entiende, o extraído de las deudas signadas para supuestas obras de infraestructura, las cuales no representaron ni el veinte por ciento de cuanto contenían las valijas para la exaltación del ex gobernador mexiquense. Todos los límites fueron transgredidos, sobre todo al percatarse los operadores de cámara de la crecida, en las encuestas, de la causa izquierdista encabezada por López Obrador a quien no se le acreditaban, al principio, ni siete millones de voto y acabó rascando las cifras finales del priísmo con casi dieciséis millones de sufragios.
Este fue, para decirlo con claridad, un fraude a ciegas –de la oposición que se dejó llevar en principio y luego se volvería cómplice-, mientras a peña se le “reconocían” más de 19 millones de votos –siendo, con esta cifra, el mexicano que acumula un mayor número de sufragios en la historia-, si bien inflados por el susto de observar cómo se acercaba Andrés Manuel, pisándole los talones, cuando muchos ya lo daban por muerto desde el arranque; así parecía, además, y este columnista igualmente creyó imposible que se revirtieran las tendencias en el inicio de las campañas. Para todos fue una sorpresa.
Igualmente fue inesperado que Cuauhtémoc Cárdenas llegara tan lejos en 1988 y fuera objetivo de uno de los fraudes electorales más burdos de la crónica nacional tan infectada por los antihéroes rapaces y los santones demasiado ingenuos, esto es creyentes tuertos sobre la evolución democrática en una nación que no suele caracterizarse por defender sus votos ni por evitar la asunción de los predadores con mayor filo.
Así, en esta hora, en varios estados del país, entre ellos Veracruz, Tamaulipas, Zacatecas, Durango y Oaxaca, en donde fueron evidentes los arreglos cupulares para conformar el paraíso de la derecha a costa de frenar los impulsos de una izquierda dispersa y dividida. En Tamaulipas, por ejemplo, el desprestigio del descastado Egidio Torre Cantú, a quien poco se menciona en esta hora de juicio severo contra otros mandatarios, habilitó la victoria del PAN si bien ello fue consecuencia de la caída del priísmo ramplón, corrupto y contaminado por el crimen organizado; intentar el retorno a la institucionalidad es uno de los mayores desafíos que mandatario alguno haya tenido, en este caso el “panista” Francisco Javier García Cabeza de Vaca, quien tomó las riendas de la entidad el pasado primero de octubre sin mayor ruido.
México entero es un jeroglífico. Y más cuando sabemos, con el corazón en la mano, que no podemos labrar nuestro futuro porque éste depende, en buena medida, de cuanto suceda dentro de apenas veintiún días… cuando los exabruptos de Trump y los alegatos subjetivos de Hillary lleguen a su final, en la hora de la jornada electoral de los Estados Unidos.
Mañana mismo, 19 de septiembre, habrá de celebrarse el tercer debate con un boquiflojo Trump dispuesto a exaltar sus infamias al calor de los incrédulos y una Hillary cansada, enferma y cuya sonrisa congelada va agotándose. Basta observar a su marido, Bill, el ex presidente, para medir por su rostro ajado por la edad el nivel de desgaste de un matrimonio viejo y sobajado.
Pero, por desgracia, para lo segundo no hay escapatoria posible; mucho menos al contemplar el nivel de corrupción prevaleciente en México que posibilita casos como los de los veracruzanos mafiosos, Duarte y Yunes, el tamaulipeco Cantú, el narco sinaloense Malova, los Moreira quienes parecen propietarios de Coahuila mientras sus coterráneos bajan lastimosamente la cabeza ante el vergonzoso estado de cosas, los predadores mandatarios de Tabasco y Morelos, de la izquierda podrida, y la impunidad reinante sobre panistas de la talla del aguascalentense Luis Armando Reynoso Femat, y del sonorense Guillermo Padrés Elías.
Y falta sumar a la ladrona yucateca Ivonne Ortega Pacgeco, su esbirro el actual mandatario, Rolando Zapata Bello; el campechano Fernando Ortega Barnés, a quien sólo amaga su sucesor, Alejandrito Moreno Cárdenas; las vergonzosas componendas del ex quintanarroense, Roberto Borge Angulo, quien ni siquiera se molestó en asistir al relevo siguiendo el “ejemplo” de su predecesor Villanueva Madrid; y, desde luego, los negocios amorales de Rodrigo Medina de la Cruz que convirtieron, en Nuevo León, a “El Bronco”, Jaime Rodríguez Calderón, en “el manso”, amancebado.
No existe mejor escenario, para los futuros huéspedes de la Casa Blanca –Hillary y su marido; o Trump y su modelo de poca ropa-, que el presentado por México para extender dominio e injerencia en todos los renglones de la vida pública: el político, el financiero y el social, sobre todo. Nos tienen tomada la medida desde hace mucho tiempo, sobre todo porque n hemos sido capaces, durante varias generaciones, de frenar a los corruptos, los asesinos y las sanguijuelas de cada entidad quienes presumen su condición de “intocables” en cada partido. En el PRI, Manlio y Gamboa; en el PAN, calderón y Gustavo Madero; en el PRD, los célebres “Chuchos” y Bejarano; y en MORENA, Bartlett y Salazar Mendiguchía. Todos contaminados; todos de dudosa especie.
Por somos vulnerables ante los sacudidos candidatos que buscan la presidencia de los Estados Unidos que, con evidencia suprema, les queda demasiado grande. Sendos personajes son como un flagelo para la humanidad irremisible, incluso por allí se habla de la llegada del anticristo para quienes creen en ello. Sería interesante solicitar a cientos de exorcistas para que rodeen la Casa Blanca el 20 de enero cuando asuma el poder cualquiera de los dos. ¿No habrá manera de crear una tercería?
Debate
Haití está, una vez más, devastado. La naturaleza y la política, acaso en orden inverso, la están destruyendo. Si en 2010 un terremoto asoló la isla –colindante con la República Dominicana-, dejando sin casa aún a trescientos cincuenta mil pobladores y un reguero de muertes calculado en doscientas veinte mil personas, el huracán Matthew se llevó las vidas de mil personas y dejó en la absoluta miseria, sin techo ni alimentos, a un millón cuatrocientos mil isleños. Desastres y catástrofes al mayor y una miseria ingente que corre por las aldeas y todas las rúas.
La tragedia de enero de 2010 –un siglo después del inicio de la llamada Revolución Mexicana, lamentablemente traicionada-, se convirtió en una hoguera de furia contra el gobierno, el mundo, la civilización. Los haitianos tomaron machetes, piedras, cuanto encontraron, para exigir una redención política con creciente xenofobia, pese a la ayuda prestada por diversos países incluyendo el nuestro, para enfrentar la miseria y el hambre, la existencia a la intemperie bajo el flagelo intermitente de la lluvia y el sol y, sobre todo, el rencor acumulado.
Así como la Colombia de 1989 –el año más dramático de la era Escobar Gaviria-, es retrato muy cercano a cuanto sucede hoy en México, el perfil de Haití también refleja el drama milenario de México ante los meteoros y terremotos previsibles apenas. Pero, ni eso. Nunca puede preverse la furia real de los ciclones ni la devastación de los sismos. Ni en México ni en Haití.
México, para nuestra desgracia, está en la misma línea aunque los males no alcanzan a dañar a todo el territorio nacional sino a regiones específicas cada vez. Pero aún se sufre por el terremoto de 1985 y el subsiguiente abandono oficial que se reduce a rendir un culto falsario en honor de los muertos. Hipocresías sin medida.
La Anécdota
Tienen los analistas un evidente temor por las elecciones del próximo 8 de noviembre en los Estados Unidos. Pocas veces se había respirado tanta tensión, no sólo en México sino en casi todo el planeta. Y es que los fueros de los candidatos espantan.
–De ganar Trump, considerando los votos electorales –es decir los de cada entidad-, sería una apología del viejo racismo estadounidense que pasaría de la pobre apertura que posibilitó la llegada de una familia afroamericana a la Casa Blanca; pero si vence Hillary, su carrera se precipita, en medio de su propia enfermedad, hacia los enfrentamientos poco ecuánimes. Será una elección dantesca.
Cuando menos, dicen, Hillary no construiría una segunda “muralla china”… aunque su vicepresidente, Tim Kaine, quien debería preparase para ocupar, no dentro de mucho, la oficina oval. Y poco sabemos de él.
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E-Mail: loretdemola.rafael@yahoo.com
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La impunidad, o el mundo de los intocables que el pobre peña aseguró borrar del mapa, nos ha elevado a un nivel de vulnerabilidad extrema. ¡Cuánta felicidad para los expansionistas estadounidenses, españoles y demás, y para los apátridas miembros de la clase política!

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