Columnistas

Desafío: Mundo al Revés

*Mundo al Revés
*A Tres Semanas
Por Rafael Loret de Mola
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Con franqueza me quedé paralizado al escuchar, por las redes sociales dominantes, los gritos en Brasil tras la victoria de Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal, el ultraderechista que no ha tenido rubor para declararse a favor de la tortura, contra las mujeres en puestos públicos y los grupos minoritarios:
–¡Viva la Dictadura!

No hay precedentes de tal cosa en una nación en aparente paz. Quizá con Mussolini o con Hitler, y en México bajo la batuta de los efímeros e ilegales imperios de Iturbide y el enajenado barbudo de Miramar, pero siempre para acotar derechos a cambio de obras de relumbrón –digamos al etilo de la Puebla de Moreno Valle-, podría concebirse este escenario que, equivocadamente, creímos superados y ahora nos salpica el rostro, todo el cuerpo, la vida. El mundo vota al revés, en cada una de las esfera conocidas, o se deja llevar por la manipulación mediática ahora, sobre todo, por Internet.

Lo que no cede es la diferencia de clases, ni bajo la autocracia ni elevando la fe democrática al estilo de quienes la ofrecen para luego instalarse en el poder por una eternidad. Esperemos que no sea el caso de México, a partir de diciembre próximo, porque no sé si aguantaría el tejido social un engaño de tan altas dimensiones. Las cuerdas están por romperse.

Por ejemplo, la consulta sobre dónde debe ubicarse el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México –yo voté por el de Santa Lucía en combinación con el actual para asestar con ello mi pequeño golpe a los ladrones empresarios confabulados-, no se dio en términos democráticos mínimos. La tinta sobre mi pulgar se esfumó en dos horas aunque, claro, por dignidad sólo crucé una sola boleta y no cinco como presumieron algunos, los más infiltrados del viejo priismo, en medio de una secuencia de curvas sinuosas, sin control, y con la pobre convocatoria de un millón 67 mil personas –sin que pueda precisarse a quienes se burlaron del proceso acudiendo dos o hasta cinco veces a las mesas-. Pobre, insisto, porque un ejercicio de esta naturaleza, a nivel nacional, no puede darse por válido con apenas el uno por cierto de concurrencia respecto al registro del Padrón Electoral que es de casi 90 millones de ciudadanos.

Mientras ello sucede, muere un migrante en la frontera entre México y Guatemala, se reducen espacios a los miembros de la célebre caravana y éstos son rescatados por los pobladores de los municipios más humildes, quienes siempre son más generosos, dotándoles de alimentos, mantas y zapatos. El ejemplo de hospitalidad de los mexicanos contrasta con los planes desiguales y denigrantes de los gobiernos atenidos a las instrucciones y deseos del “anaranjado” señor Trump, el más antimexicano de los mandatarios estadounidenses de la historia y el más ambicioso en cuanto a sus proyectos de expansión.
¿Qué va ser el inminente presidente de México ante esta crisis que lo saluda? ¿Consultar si los propuestos miembros de su gabinete, igualmente el ampliado, merecen o no la confianza pública, un asunto mayor al del aeropuerto? ¿O pedir la opinión del uno por cierto de los empadronados para decidir si deja al ejército patrullando las calles o si forma otra guardia nacional para suplir a la inútil, hasta hoy, gendarmería?
En buen lío estamos todos.

La Anécdota

La mayor parte de los mexicanos se mostró indiferente a la primera consulta ordenada por quien ejerce ya el poder de la República, Andrés Manuel. No se diga otra cosa cuando es evidente el control que ejerce sobre el Congreso, la CONAGO y la sociedad civil, sobre todo de cuantos conforman sus gladiadores incondicionales también expertos en la manipulación colectiva: “nunca antes nos habían tomado en cuenta”, aducen los defensores de la consulta olvidándose de otro ejercicio fallido cuando Andrés ocupaba la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal y solicitó la opinión de los citadinos sobre los husos horarios negándose a aceptar los cambios en verano e invierno.
La indiferencia fue igualmente el signo. Primero, rompamos la desigualdad social y después confirmemos la importancia de la democracia; más en un mundo que marcha hacia el fascismo –Trump y el capitán Bolsonaro a la cabeza-, acaso porque la democracia ha sido ya rebasada por los intereses corporativos y las grandes complicidades con los gobiernos turbios y repulsivos.
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