¿Puebla, ciudad de habitantes o ciudadanos?

Arom Leamsi

Si Marx estaba en lo cierto, debemos aceptar que en toda sociedad civilizada hay una ideología dominante, por lo que siempre prevalecen las ideas de los grupos sociales dominantes, y estos, se las arreglan para imponerles al resto de la sociedad por procedimientos más o menos coactivos y a veces sutiles, pero eficaces, una forma de comportarse en grupo.

Al parecer, toda ideología es un fenómeno psicológico en el que se expresan, de alguna manera, las deformaciones que sufre un individuo o grupo social en la estructura de su pensamiento (Gustavo Bueno, 1970). Algo así como un prejuicio o un conjunto de prejuicios organizados históricamente y que se repiten sistemáticamente, sin que el individuo tome conciencia de ello.

Según los criterios políticos dominantes en torno al cual se ha dado la organización del poder de una sociedad, los seres humanos que la conforman, han estado obligados a vivir siguiendo alguna de estas tres formas de organización social dadas históricamente: Sociedades bárbaras, Sociedades Políticas o Estatales (Sociedades civilizadas) y las llamadas Sociedades Gentilicias.

A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.

Las Sociedades Bárbaras son asociaciones que no están estructuradas políticamente, es decir, no constituyen un Estado. Son sociedades cuyas formas de organización responden a criterios que giran en torno a la magia, hechicerías, etc. Estas sociedades tribales concentran el poder en un patriarca. Las expresiones culturales de estas sociedades son, las más de las veces, rituales vinculados a los ciclos naturales. En estas sociedades, muy próximas al estado natural, la libertad la ejerce el más fuerte, por lo que nadie puede coartársela, salvo por la violencia de una fuerza mayor.

Las sociedades civilizadas (políticas), son las que se organizan y están constituidas en un Estado, con un territorio bien definido y una correcta ordenación de sus estructuras. Las sociedades políticas desarrollan su propia cultura, en la que se expresan sus saberes: religiosos, míticos, técnicos, artísticos, científicos, filosóficos y políticos, expresados en sus costumbres, y están organizados sobre principios causales, críticos, sistemáticos y racionales.

Las sociedades gentilicias, son aquellas que se han constituido después de haber asimilado formas de organización política de otra sociedad, de la cual se han segregado. Es el caso por ejemplo, de las iglesias protestantes que se separaron del Vaticano.

Ciudadano Versus Habitante.

El agrupamiento en manadas, parvadas, etc., constituyen formas instintivas de hacer política en los animales. El hombre trasciende estas formas y supera aquellas formas de organización instintiva, desde la primitiva organización: horda, clan, tribu; hasta las formas más complejas de organización política: esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo, etc. La Política, del griego polis: agrupamiento, pueblo, ciudad, estado; ike: lo que trata el grupo, para beneficio del grupo.

Como concepto, «Ciudadano» hace referencia a cada una de las personas avecinadas en una ciudad, y tomadas como un colectivo (lo que los griegos llamaban to polisma) se refiere a la Ciudadanía. Ciudadanía representa ahora el conjunto de todos los ciudadanos que integran una ciudad: un conjunto de personas que conviven en la ciudad, y cuya convivencia presupone que todos hablan el mismo idioma.

Esa es la clave, el idioma común es lo que garantiza que la convivencia sea efectiva y no un simulacro, pues la convivencia es imposible cuando no se comparte un idioma común. ¿Cuál es ese idioma? Puesto que el hombre por su propia naturaleza está destinado a vivir en sociedad, es natural que tenga los mismos deberes sociales peculiares de la asociación como miembro de ella.

Este idioma es el del deber, el de la convivencia pacífica y respetuosa que le proporciona al individuo múltiples beneficios, puesto que le ayudan a conseguir su fin, y por lo tanto, está obligado a compensar la ayuda recibida, a cooperar a la prosperidad general de que se beneficia; de ahí la necesidad de una moral, que nunca le forzará a sacrificar a su sociedad y a ninguno de sus semejantes.

En el lado opuesto, el «habitante» es el individuo que viviendo en una ciudad, no tiene como fin último contribuir a la prosperidad social, sino que los bienes de la sociedad son un medio del que se sirve para satisfacer sus necesidades particulares, sacrificando a los demás. Es el típico caso del que se estaciona en doble fila, anteponiendo su urgencia particular, a las necesidades de los demás. Su egoísmo lo aleja del idioma del deber.

El habitante es un individuo cuya forma de vida se ajusta muy bien a una sociedad de bárbaros. Bárbaro, vocablo griego formado a partir de una onomatopeya; para los griegos, los extranjeros parecían proferir sílabas sin sentido, a los oídos griegos, los extranjeros balbucían «bar-bar-bar-bar». Más tarde la palabra adquirió el sentido de “rudo” o “no civilizado”, aquellos que ven como “extraño” o “enemigo” todo lo que es ajeno a ellos.

Una ciudad en la que sus hombres y mujeres están orgullosos de su ciudadanía, en sus actos públicos expresan el amor que sienten por ella, y el mayor acto de amor político que pueden hacer, es el de la justicia.

Olvidamos que somos los demás de los demás.

La justicia es un tema que involucra a los otros, es un deber de todo ciudadano hacia los demás. Tres son las formas de hacer justicia:

a) De una persona a otra persona. Si alguien recibe un favor de otra persona, un acto de elemental justicia es devolverle el favor. Este tipo de justicia los clásicos le llamaban justicia conmutativa.

b) De una persona a su comunidad. Todo hombre bien nacido que vive en sociedad, siempre tiene algo que dar algo a su comunidad; es lo que en la antigüedad se llamaba justicia legal.

c) De la comunidad a la persona. Toda Sociedad Civilizada tiene el deber de dar a cada ciudadano lo que le corresponde según sus méritos en sociedad. Ésta es la llamada justicia distributiva.

¿Cuántos y que tipo de habitantes hay en nuestra querida Puebla? Cumplir con nuestros deberes de ciudadanos ayudará a ponerle fin a la ideología de los habitantes que día a día salen a fastidiar la Gran Cultura de la otrora Atenas de América, sintiendo que sus necesidades y urgencias están por encima de las de los demás.

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