A tiro de piedra: Dragon Ball salvando a México

Por Julian Santiesteban

La democracia es una creencia patética en la sabiduría colectiva de la ignorancia individual

Henry-Louis Mencken

Como si el “subdesarrollo” de la clase política nacional no estuviera de manifiesto y la distracción de recursos públicos para cualquier cosa menos para atender las necesidades sociales no fuera una constante, este fin de semana más de una decena de ciudades del país y sus respectivo gobiernos concentraron sus esfuerzos en trasmitir en plazas públicas el penúltimo capítulo de una caricatura japonesa que las televisoras nacionales transmiten desde hace casi dos décadas. Ahí les va el circo, aunque no haya pan.

No se trató de un festival de cine, de jazz; no fue un recital de poetas peninsulares como Jorge Cocom Pech, que en 2016 ganó  el Premio Internacional de Literaturas Indígenas de América (PLIA); tampoco los municipios quintanarroenses, el Instituto Quintanarroense de la Juventud o la Oficialía Mayor del gobierno del estado se esforzaron por difundir –ahora que están de moda los Óscares- la master class de Guillermo del Toro sobre su película “La Forma del Agua”, que atinadamente sí difundiera el Sistema Quintanarroense de Comunicación Social (SQCS). No, el motivo fue juntar a la masa a ver el episodio 130 de Dragon Ball.

“Mal de muchos, consuelo de… conejos” dice el refrán popular, y es que además de Quintana Roo, en diversas ciudades de Chihuahua; en Campeche, Guanajuato, Tabasco, Oaxaca, Chiapas, Colima y Tamaulipas, por mencionar algunos, el evento fue anunciado profusamente para diversión de la ciudadanía; esa misma que adolece de servicios públicos de calidad, que vive diariamente la inseguridad y que constantemente acusa a sus gobiernos de utilizar los recursos públicos para beneficios privados, pero que al menor distractor se congrega en parques y plazas para disfrutar de espectáculos de “calidad” como el señalado, sin considerar claro que también en ellos se aplica parte del presupuesto que debiera ser utilizado para bachear calles, cambiar luminarias, contratar policías.

Para el caso de Quintana Roo, los municipios de Benito Juárez, Othón P. Blanco, Isla Mujeres, y Cozumel, anunciaron el evento en cuestión, además de las instancias estatales señaladas, pero absolutamente ninguna difusión han hecho, por ejemplo, del Festival Internacional Independiente de la Canción de Autor a desarrollarse en Chetumal y Bacalar, del 15 al 18 del presente mes, y al que acudirán una veintena de intérpretes de diversas entidades de la República y de Centroamérica ¿si nota la diferencia entre la promoción de la cultura y el abono a la enajenación social? Respetable el gusto lúdico de cada quien, pero en términos de la administración pública, no sólo es reprobable, sino inadmisible.

Por cuestiones como estas es que el mexicano sigue pensando en ganarse la lotería nacional –aunque no compre boleto-, sigue creyendo que con ir de procesión a la Basílica de Guadalupe sus problemas tendrán solución –aunque no trabaje- y sigue permitiendo que los actores políticos se eternicen en el poder y ofrezcan resultados como los que dan ¡de caricatura! Así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra.

COMENTARIO MORBOSO

Raro, muy raro  ha sido el relevo en la titularidad del Registro Público de la Propiedad y el Comercio de Quintana Roo, pues desde hace unas semanas fue designado Carlos Pereira Vázquez, en sustitución de Francisco García Rosado, ex magistrado presidente del Tribunal Electoral de Quintana Roo y que fue designado al inicio de la presente administración estatal.

Primero, no se ha informado absolutamente nada de dicho cambio; segundo, Carlos Pereira fue nombrado al inicio de la administración de Carlo Joaquín González como subsecretario de Gobierno, cargo al cual renunció a mediados de 2017, y desde entonces se especuló su designación en diversos cargos, entre ellos la Fiscalía de Combate a la Corrupción y una magistratura del Tribunal de Justicia Administrativa; tercero, pareciera que se le tiene bastante “consentido”, pues se le permite ir  venir, buscar cargos y fallar en el intento; total, chamba segura tiene.

¿Ya sabía algo el lector del señalado cambio? ¿no le parece extraño el silencio, sobre todo considerando que en esa instancia se hicieron infinidad de irregularidades en administraciones anteriores? ¿Recuerda a de dónde Carlos Lima Carvajal, antes de ser magistrado del Tribunal Superior de Justicia? ¿No lo sabía? ¿pero sí fue a ver las caricaturas a la plaza pública? Lo dicho, en momentos de enajenación social, a la ciudadanía le importa que haya circo, aunque no tenga pan; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.

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